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La profesión de traductor tiene entre sus orígenes y pioneros a varios nombres, entre ellos, el de una mujer indígena, de nombre Sacagawea, que puede ser considerada como «madre» de esta profesión. Su gran labor tuvo lugar a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX cuando guió y acompañó a los exploradores, Lewis y Clark, en su expedición a la zona oeste de Estados Unidos (desde Dakota del Norte hasta la costa de Oregón), ejerciendo de traductora e intérprete.

Conozcamos su fascinante historia.

La importancia de los traductores nativos

Situémonos en el contexto histórico. A finales del siglo XVIII los grandes colonizadores de nuevas tierras lideraban con frecuencia expediciones para descubrir nuevos territorios, siendo el continente americano su espacio favorito. Dos americanos, Meriwether Lewis (1774-1809) y William Clark (1770-1838) encabezaron uno de los más importantes viajes de expedición del salvaje oeste americano bajo las ordenes del presidente Thomas Jefferson.

La expedición para llegar al Océano Pacífico partió, casualmente, de la aldea donde vivía Sacagawea con su marido, Charbonneau, un joven comerciante de piel canadiense de origen francés que fue contratado como intérprete para el viaje. Gracias a él, Lewis y Clark se enteraron de que su mujer era de la tribu shoshone y la incorporaron al equipo, ya que necesitaban de traductores nativos que les facilitaran la travesía y pudiese entablar conversación con las tribus indias que encontrasen a su paso. Además, Sacagawea también manejaba el inglés y el francés.

Por aquel entonces, la joven indígena contaba con solo 13 años y estaba embarazada de su primer hijo. Aun así, emprendió el viaje y se convirtió en una pieza fundamental del equipo, ya que no solo ayudó con las tareas de interpretación, sino que actuó de curandera, gracias a sus conocimientos de las plantas medicinales.

Por otra parte, su figura y la de su hijo fueron también símbolo de pacifismo de cara a los nativos, muchos de los cuales jamás habían visto ningún «rostro pálido» (hombres blancos).

Sacagawea y su labor comunicativa

En verano de 1805, y con una necesidad imperiosa de obtener nuevos caballos, la expedición se topó en su camino con una tribu shoshone. Durante la negociación con los indígenas, Sacagawea descubrió que el jefe de la tribu era su propio hermano, al que no veía desde que años atrás, fuera secuestrada por una tribu adversaria y llevada lejos de su familia.

Esta coincidencia aligeró las negociaciones para que los exploradores consiguieran los caballos para pasar las Montañas Rocosas.

Pero no se trató de la única victoria que se adjudicaron gracias a los traductores nativos. Cuando la expedición llegó al río Columbia, esta se encontró con otra maravilla autóctona que quisieron llevarse y regalar al presidente Thomas Jefferson: una bata hecha con piel de nutria, de una suavidad nunca vista hasta entonces.

Las negociaciones de Sacajawea y la entrega de una tira de cuentas azules que llevaba como único adorno, fueron claves para que se realizara el intercambio.

El viaje de vuelta de los traductores nativos

En julio del año 1806, la expedición puso fin a la misión y emprendieron el viaje de vuelta. En lugar de atravesar las Montañas Rocosas, Sacagawea aconsejó cruzar el valle, iniciando una ruta que, años después, se convirtió en la mejor para trazar el ferrocarril que serviría de línea divisoria de las Américas.

El reconocimiento al esfuerzo de esta joven traductora se lo llevó su marido. Así, Charbonneau recibió 500 dólares de la época y 320 acres de tierra; ella, nada. Además, Sacagawea no tuvo un final muy feliz, ya que murió sola cuando solo tenía 25 años, dejando a dos niños pequeños a cargo del teniente Clark.

Mitos

La falta de información de la considerada como primera traductora de la historia ha llevado a que muchos crearan una serie de mitos y leyendas sobre su persona. Algunos de ellos aseguran que Sacagawea no murió, sino que abandonó a su marido y se unió a la tribu de las Grandes Llanuras buscando su tribu original.

En su búsqueda, volvió a casarse para luego enviudar y acabó en la reserva india de Wyoming, de nombre Lemhi Shoshone.

En definitiva, el oficio de la traducción puede vanagloriarse de contar con una mujer fuerte y valiente como primera referencia de esta profesión. Las circunstancias de su vida la llevaron a aprender idiomas y a participar en uno de los episodios más apasionantes de la historia de Estados Unidos.

Su figura puede considerarse clave para entender la importancia de contar con un traductor nativo o intérprete nativo de una agencia de traducción profesional para facilitar la comunicación y el lenguaje entre personas de diferentes orígenes, contribuyendo a cerrar tratos y a lograr la prosperidad de una misión o negocio.

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