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Después de mucho tiempo publicando entradas sobre distintos temas alrededor de la exportación, se hacía necesario un post sobre la exportación a Francia. No en vano, el país galo es el destino principal de las exportaciones españolas, con un 11% sobre el volumen total.
Si observamos los datos desde el punto de vista opuesto, España es el quinto proveedor del mercado francés, alcanzando el 6% de sus importaciones.
Si atendemos a los datos objetivos, además de la evidente cercanía, Francia se sitúa como la décima potencia económica mundial y como cuarta potencia industrial del mundo. Un tercio de los quince puertos más importantes de la Unión Europea están en su territorio, y su renta per cápita media se sitúa un 33% por encima del salario medio español.
Por lo tanto, a priori Francia parece un territorio idóneo para dirigir nuestras exportaciones. Sin embargo, hay diversos inconvenientes a tener en cuenta. En primer lugar, el consumidor francés suele decantarse sin dudarlo por el producto patrio antes que el de exportación, por lo que si nuestro producto no tiene ninguna ventaja relevante respecto al francés la entrada en el mercado será realmente dura. Pero el proteccionismo del cliente francés hacia sus productos nacionales no es el único con el que nos encontraremos.

Lógicamente, diversos organismos internacionales como la Organización mundial del Comercio o la propia Unión Europea luchan contra las medidas proteccionistas de sus países miembro. Y Francia, en teoría, comparte y acata dichos planteamientos. Sin embargo, en la práctica el país galo exige innumerables controles, entre los que destacan los sanitarios y medioambientales, que dificultan enormemente la entrada en su mercado. En teoría no se trata de una medida proteccionista, pero en la práctica el producto extranjero tiene difícil acceder al mercado francés.

Sin embargo, como decíamos al principio del post, pese a todos los inconvenientes, España es uno de los principales proveedores del mercado francés, y pese a la dura competencia de los mercados emergentes (sobre todo antiguas colonias como Marruecos en productos hortofrutícolas), nuestros productos encuentran un hueco en el duro mercado galo.

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