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La exportación de vino ya no es algo desconocido para muchas bodegas españolas. Hace tan sólo unos años eran pocas las empresas que se aventuraban con la exportación vinícola en el mercado exterior, y sin embargo hoy es muy habitual que hasta las bodegas más pequeñas se lancen a la conquista de nuevos mercados.

El Mercado del Vino español es uno de los más importantes fuera de nuestras fronteras

Como siempre, el paso previo a la exportación debe ser una detallada estrategia, en la que nos planteemos una serie de cuestiones que serán la clave para el éxito o el fracaso de nuestra misión. En el caso de la exportación de vino, uno de los primeros factores a tener en cuenta es la cultura vinícola del país de destino. Si hablamos de países donde existe una tradición de consumo, como Francia, Italia o Portugal, probablemente nuestros potenciales clientes estén familiarizados con términos propios alrededor del producto. Sin embargo, si nos dirigimos a mercados donde no existe cultura del vino, una traducción literal de nuestro packaging probablemente no será todo lo eficaz que debería, ya que el público desconocerá términos tan habituales para nosotros como reserva o crianza. No sólo deberemos traducir nuestros textos de un idioma a otro, sino que también tendremos que «traducir conceptos», adaptándolos a una terminología más comprensible para nuestros compradores.

Por supuesto, y como ocurre en otro tipo de productos, debemos conocer perfectamente las particularidades de cada país o región. Así, si queremos realizar exportación de vino a China debemos saber que el diseño de la etiqueta debe ser muy llamativo para que destaque en el lineal, o que es aconsejable presentar nuestro producto en diferentes calidades y precios. De este modo será más fácil la primera incursión en el mercado gracias a nuestro producto más económico, pero también ofreceremos vinos de mayor calidad para no quedar catalogados para siempre como «vino barato».
Siguiendo con algunas particularidades según el país de destino, debemos saber, por ejemplo, que el etiquetado en EEUU debe llevar obligatoriamente un mensaje de advertencia sobre su nocividad, o que algunas botellas de vino tienen un límite de peso por motivos ecológicos si deseamos venderlas en la región canadiense de Ontario. Son tan sólo algunos ejemplos, que nos muestran como la exportación de vino es algo que va más allá de traducir etiquetas y lanzarnos a la aventura.

Resumiendo, si nos decidimos a lanzarnos a la exportación de vino, debemos tener muy en cuenta algunas particularidades sobre el producto, su consumo y conocimiento en el destino, así como cualquier otro condicionante cultural o social, más allá del evidente en cuanto al idioma. Esta recomendación es necesaria en cualquier tipo de artículo, pero al tratarse de un producto alcohólico las exigencias serán aún mayores.

La importancia del idioma en la exportación del vino

Si tenemos en cuenta estas consideraciones, probablemente estaremos muy cerca de acabar brindando.

 

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